Publicado el martes 12 marzo, 2019";
“La corte nos espera, a derramar la sangre

“La corte nos espera, a derramar la sangre

Pero no vamos a ir a tan odioso baile”, recita El Baile, la famosa canción del cubano Silvio Rodríguez. 

Hace algunos años, en la entonces campaña presidencial de 2012, Jesús Silva-Herzog recordaba anécdotas de gabinete ante un público de jóvenes tecnócratas en formación. El tema de la serie de ponencias era “1982, a 20 años de la Decisión del Presidente”.

Don Chucho recordaba su primer entrevista como Secretario de Hacienda, en la que había asegurado que para ese año México crecería al cero por ciento; después de esa declaración, el teléfono rojo de su despacho lo estaba esperando para recibir la siguiente sentencia del presidente López Portillo: “aquí el que dicta las tasas de crecimiento es el presidente”, para defensa histórica de Don Chucho, ese año el país creció al cero por ciento.

Hoy los caprichos y sentencias del presidente no se hacen a través de un teléfono rojo, sino en lo que muchos han llamado el “circo romano matutino”, donde se sacrifica a quien no baile al son que el presidente toca.

La mañana del 12 de marzo, le tocó al Dr. Arturo Herrera, ex académico del Colegio de México y de la Universidad de Nueva York (NYU). Desde 2010 trabajaba como gerente de práctica de la Unidad de Servicio Público y Desempeño para América Latina y el Caribe, y formó parte de la Práctica Global de Gobernanza del Banco Mundial, esto hasta 2018, que se le ocurrió la brillante idea de integrarse al gabinete presidencial del nuevo gobierno federal como subsecretario de ingresos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). 

La razón de su humillación, una entrevista para el Financial Times, donde señaló: “No autorizaremos (recursos para la refinería de Dos Bocas, Tabasco) hasta que tengamos una cifra final que no sea muy diferente a los 8 mil millones de dólares originales.”

¡Se incendió la Secretaría! Y el señor presidente de México, sentenció que la construcción de la refinería no sufriría retraso alguno; poniendo en duda la credibilidad de uno de los pocos funcionarios hasta hoy tan eficientes de su gestión, ese hombre que con su pericia supo operar la dolorosa y para algunos inexplicable decisión presidencial de cancelar lo que sería el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México 

Para cualquiera sonaría lógico tener un proyecto integral con estimación de costos y beneficios, la realidad es que el famoso “rescate de Pemex”, a ningún inversionista le ha agradado, quizá porque ellos que son los expertos, ven entre las paredes y las declaraciones que en verdad, no hay ningún plan ni proyecto, sólo discursos respecto al panorama económico y alguna que otra tragicomedia como la mafufada de Salomón Jara, esa estupidez de “regular a las calificadoras”, tema con el que el Dr. Herrera, tuvo que lidiar en entrevista con Carlos Loret.

Es que al presidente Andrés Manuel, por el bien de la nación, lo deben rodear talentosísimos, no empleados como el gran Carlos Urzúa, a quien parece haberle dado Alzheimer y olvidado las anécdotas que contaba en el aula, diciendo que su amigo el tabasqueño era necio y que no podía volver a trabajar con él después de haber renunciado como Secretario de Finanzas de la Ciudad de México; claro que por supuesto, luego de haber cumplido la asignación de recursos para la polémica y caprichosa obra del famoso segundo piso de la Ciudad de México. 

Comenzó con todo la segunda tanda después de los 100 días de gobierno, se acabó la luna de miel. 

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