Por: Edy Pintor.
El gran GĂĽero Eligio
En Reynosa hay personajes que no necesitan presentaciĂłn, porque su sola presencia ya cuenta una historia. Uno de ellos es el querido Eligio Aguilar Elizondo , el inconfundible GĂĽero Eligio.
Vicerrector de la Universidad del Norte de Tamaulipas, hombre de periodismo polĂtico, de funciĂłn pĂşblica y de tertulia sabrosa, el GĂĽero es de esos que ya no se fabrican. Tiene 72, quizá 73 años, pero camina con la energĂa de quien no le debe nada al tiempo. Su conversaciĂłn nunca decae: si el barco va chueco, Ă©l lo endereza con actitud; si el panorama se nubla, Ă©l trae sol propio. Siempre positivo, siempre animoso, siempre con una palabra que levanta.
Es un personaje chapado a la vieja escuela —setentas, ochentas— y lo porta con orgullo. Llega manejando su Lincoln Town Car convertible blanco, impecable, tan blanco como su traje vaquero, como su camisa de tonos beige y café, como su sombrero Stetson de muchas equis, de lana pura, y su corbata vaquera clásica que corona su estampa con elegancia texana. En la punta del auto, esos cuernos con terciopelo —negro en el centro— que ya son casi una firma personal. Y cuando entra a la zona restaurantera, no se baja sin antes hacer sonar ese claxon ochentero, alegre, juguetón, que arranca sonrisas antes que miradas.
Del saco blanco asoma, a veces, un puro Cohiba, prendido o apagado, como detalle clásico que completa la postal. Y cuando las hostess y meseras salen a saludarlo —porque lo quieren, porque lo respetan— el GĂĽero, con gesto generoso y natural, saca del pecho algunos billetes de 50 y 20 dĂłlares y reparte con cortesĂa. No es ostentaciĂłn: es su manera de decir “aquĂ estoy” y “que la vida se celebre”.
“Al rato vengo, señoritas, diviértanse por mientras”, les dice con sonrisa franca, de esas que no han aprendido a fingirse.
Reynosense de cacha pura, el Güero Eligio es más que un personaje pintoresco: es ánimo colectivo, es memoria viva de una ciudad fronteriza que mezcla elegancia, carácter y corazón. En tiempos donde muchos se quejan, él inspira; donde otros dudan, él anima.
Y asĂ, entre sombrero blanco, conversaciĂłn optimista y espĂritu generoso, el GĂĽero Eligio sigue recorriendo las calles de Reynosa como un caballero de otra Ă©poca que decidiĂł quedarse para recordarnos que la actitud, al final, es el mejor traje que puede vestir un hombre.
Muchas gracias y hasta pronto…

