Por Agustin Peña Cruz*.
En el tablero político que vive hoy México, las reformas electorales han sido históricamente
el reflejo más claro de la correlación de fuerzas entre los actores del poder. Ninguna
modificación a las reglas del juego democrático se aprueba sin tensiones, sin cálculos
estratégicos ni sin fracturas internas. La votación efectuada hoy 11 de marzo en la Cámara
de Diputados sobre la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum
Pardo confirma que la política parlamentaria mexicana continúa siendo un terreno donde las
mayorías se negocian, se fracturan y, en ocasiones, se desvanecen en el momento
decisivo.
La iniciativa presidencial no logró reunir la mayoría calificada necesaria para modificar la
Constitución. El resultado fue contundente en la importancia política: 259 votos a favor y
234 en contra. Aunque la cifra favorable refleja que el oficialismo mantiene una fuerza
parlamentaria relevante, el número fue insuficiente para alcanzar los dos tercios requeridos
por el orden constitucional. En términos jurídicos, la reforma fue desechada; en el tenor
político, el episodio reveló una compleja arquitectura de lealtades, disensos y estrategias
dentro del Congreso de la Unión.
La reforma electoral propuesta por el Ejecutivo federal formaba parte de una agenda más
amplia orientada a replantear aspectos estructurales del sistema electoral mexicano. Desde
la lógica del oficialismo, el objetivo consistía en reducir costos institucionales, revisar el
diseño de los organismos electorales y redefinir ciertos mecanismos de representación
política. Para sus críticos, en cambio, la propuesta implicaba riesgos para la autonomía del
sistema electoral y para el equilibrio institucional construido a lo largo de décadas de
reformas democráticas.
La votación evidenció que, incluso dentro del bloque gobernante, el consenso no era
absoluto. La bancada de Morena respaldó mayoritariamente la iniciativa, pero tres de sus
integrantes decidieron votar en sentido contrario: Giselle Arellano Ávila, Alejandra Chedraui
Peralta y Santy Montemayor Castillo. Este gesto, aunque numéricamente pequeño, adquirió
un peso político considerable debido a la disciplina partidista que tradicionalmente
caracteriza a la mayoría legislativa.
A estas discrepancias se sumaron algunas ausencias relevantes dentro de la bancada
morenista. No estuvieron presentes en la sesión Jesús J. Jiménez, Iván Peña Vidal, Olga
Sánchez Cordero y Manuel Espino Barrientos, este último aún en recuperación tras el
derrame cerebral que sufrió en septiembre de 2025. En votaciones constitucionales, cada
escaño cuenta, y cada ausencia se convierte inevitablemente en objeto de interpretación
política.
Sin embargo, el factor decisivo no estuvo en Morena, sino en los partidos que
históricamente han acompañado al oficialismo en el Congreso. El Partido del Trabajo
decidió rechazar la reforma electoral, lo que significó un golpe político inesperado para el
bloque gobernante. La decisión petista representó un giro relevante dentro de la coalición
legislativa que ha respaldado las principales reformas del proyecto político iniciado en 2018.
La bancada del PT votó en contra de la iniciativa con la excepción del diputado Jesús
Roberto Corral Ordoñez, quien se convirtió en el único legislador de ese partido en
respaldar la propuesta presidencial. El resto de los diputados petistas mantuvo una postura
de rechazo, entre ellos Aguilar Gil Lilia, Aguilar López José Alejandro, Albores Gleason
Roberto A, Alegría Gómez José, Barreras Samaniego Diana, Benavides Castaneda José A.,
Bernal Martínez Mary Carmen, Castillo Gabino Diana, Cruz Jiménez Martha Aracely, De La
Luz Rivas María Isidra, Del Muro García Ana Luisa, Díaz Luis Armando, Durán Alarcón
Greycy Marian, Elizondo Guerra Olga Juliana, Escamilla Nora, Espinosa Ramos Fco.
Amadeo, Flores Robles Ramón Ángel, Galindo Alarcón Patricia, Garay Loredo Irma
Yordana, García García Margarita, García Hernández Jesús Fdo., Gloria López José,
Gómez Alarcón Amarante G., González Naveda Adrián, González Soto Santiago, Guízar
Macías Fco. Javier, Herrera Olga, León Rosas Rosalía, López Carrillo Vanessa, López Ruiz
José Antonio, López Sánchez José Alejandro, Manzanilla Téllez Emilio, Martínez Ruiz
Maribel, Martínez Ventura Luis E, Mejía Berdeja Ricardo S, Montalvo Luna José Luis,
Moreno Hernández Brígido R., Olivares Mejía Gerardo, Ortiz Rodríguez Jorge A., Rojo
Pimentel Ana Karina, Sánchez González José Luis, Sandoval Flores Reginaldo, Santiago
Pineda Wblester, Téllez Marín José Luis, Vázquez Calixto Javier, Vázquez González Pedro
y Vilchis Contreras Luis.
Si la postura del Partido del Trabajo resultó importante, el comportamiento del Partido Verde
Ecologista de México añadió una dimensión aún más compleja al análisis político. El Verde
había anticipado reservas frente a la reforma, pero lo que ocurrió en la votación reveló una
fractura interna dentro de su propia bancada.
Doce legisladores del PVEM decidieron votar a favor de la iniciativa presidencial,
desmarcándose de la postura predominante de su partido. Estos votos provinieron de
Anabel Acosta Islas, José Braña Mojica, María del Carmen Cabrera Lagunas, Carlos
Canturosas Villarreal, Manuel A. Cota Cárdenas, Denisse Guzmán González, Blanca
Hernández Rodríguez, Hilda M. Licerio Valdés, Mario A. López Hernández, Iván Marín
Rangel, Alejandro Pérez Cuéllar y Ruth Maricela Silva Andraca.
La mayoría de la bancada verde, sin embargo, se inclinó por rechazar la reforma electoral.
Entre quienes votaron en contra se encuentran Adolfo Alatriste Cantú, Ricardo Astudillo
Suárez, Eruviel Ávila Villegas, Alejandro Avilés Álvarez, Oscar Bautista Villegas, Gabriela
Benavides Cobos, Liliana Carbajal Méndez, Juan Luis Carrillo Soberanis, Fátima Almendra
Cruz Peláez, Jesús Martín Cuanalo Araujo, Héctor De la Garza Villarreal, Marco De la Mora
Torreblanca, Felipe M. Delgado Carrillo, Casandra De los Santos F., José Luis Durán
Reveles, Mayra Espino Suárez, José Luis Fernández Martínez, Celia Esther Fonseca
Galicia, María Graciela Gaitán Díaz, José Antonio Gali López, Fausto Gallardo García,
Ricardo Gallardo Juárez, Deliamaria González Flandez, Carlos Alberto Guevara Garza,
José Luis Hernández Pérez, Javier O. Herrera Borunda, Azucena Huerta Romero, Carlos
Arturo Madrazo Silva, Ricardo Madrid Pérez, María Luisa Mendoza Mondragón, Luis
Enrique Miranda Barrera, María del Carmen Nava García, María Leonor Noyola Cervantes,
Ernesto Núñez Aguilar, Héctor Pedroza Jiménez, Carlos Alberto Puente Salas, Jonathan
Puertos Chimalhua, Luis Orlando Quiroga Treviño, Antonio de Jesús Ramírez Ramos, Ciria
Yamile Salomón Durán, Claudia Sánchez Juárez, Ana Erika Santana González, Julio Javier
Scherer Pareyón, Karina A. Trujillo Trujillo, Juan Valladares Eichelmann, Gerardo Villarreal
Solís, Jorge Luis Villatoro Osorio y Cindy Winkler Trujillo.
Mientras el bloque oficialista evidenciaba divisiones, la oposición parlamentaria mostró una
cohesión política notable. El Partido Acción Nacional votó de manera uniforme en contra de
la reforma electoral, consolidando una estrategia de resistencia frente a las reformas
constitucionales impulsadas por el gobierno federal.
Entre los legisladores panistas que rechazaron la iniciativa se encuentran José Guillermo
Anaya Llamas, David Azuara Zúñiga, Ana María Balderas Trejo, Mónica Becerra Moreno,
Omar Antonio Borboa Becerra, Nubia Iris Castillo Medina, Fidel Daniel Chimal García, David
A. Cortés Mendoza, César Israel Damián Retes, Federico Döring Casar, Paola M. Espinosa
Sánchez, Abril Ferreyro Rosado, María Arcia Jimeno Alcocer, Samantha E. Garza de la
Garza, Teresa Ginez Serrano, Annia Sarahi Gómez Cárdenas, Carmen Rocío González
Alonso, María Granados Trespalacios, Miguel Guevara Rodríguez, Blanca I. Gutiérrez
Garza, Diana E. Gutiérrez Valtierra, María del Rosario Guzmán Avilés, Asael Hernández
Cerón, José Manuel Hinojosa Pérez, Genoveva Huerta Villegas, José Mario Íñiguez Franco,
Julia Licet Jiménez Angulo, Patricia Jiménez Delgado, Tania Kalionchiz de la Fuente, Lixa
Elías, Noemí Berenice Luna Ayala, Laura C. Márquez Alcalá, Elizabeth Martínez Álvarez,
Germán Martínez Cázares, Paulo Gonzalo Martínez López, Adrián Martínez Terrazas,
Miguel Ángel Monraz Ibarra, Martha Amalia Moya Bastón, Jesús Nader Nasrallah, Homero
Niño de Rivera Vela, Nancy Aracely Olguín Díaz, Amparo L. Olivares Castañeda, Liliana
Ortiz Pérez, Tania Palacios Kuri, Francisco Pelayo Covarrubias, Víctor Manuel Pérez Díaz,
Verónica Pérez Herrera, Claudia Quiñones Garrido, Éctor Jaime Ramírez Barba, Julen
Rementería del Puerto, César A. Rendón García, Diego A. Rodríguez Barroso, María Isabel
Rodríguez Heredia, Agustín Rodríguez Torres, Alfonso Rubalcava Jiménez, Miguel Ángel
Salim Alle, Ernesto Sánchez Rodríguez, Roberto Sosa Pichardo, Armando Tejeda Cid,
Héctor Saúl Téllez Hernández, Marcelo Torres Cofiño, Fernando Torres Graciano, Eva Mari
Vásquez Hernández, Alonso de Jesús Vázquez Jiménez, María del Rosario Vera, César
Verástegui Ostos y Margarita Zavala Gómez del Campo.
El Partido Revolucionario Institucional también mantuvo una postura homogénea de
rechazo a la reforma. Entre quienes votaron en contra se encuentran Jericó Abramo Masso,
Erubiel Lorenzo Alonso Que, Miguel A. Alonso Reyes, Humberto Ambriz Delgadillo, Abigail
Arredondo Ramos, Leticia Barrera Maldonado, Israel Betanzos Cortes, Mario Calzada
Mercado, Andrés Manuel Cantú Ramírez, Christian Castro Bello, Xitlalic Ceja García, Noel
Chávez Velázquez, César Alejandro Domínguez Domínguez, Paloma Domínguez Ugarte,
Juan Francisco Espinoza Eguía, Ana Isabel González González, Marcela Guerra Castillo,
Hugo Eric Gutiérrez Arroyo, Carlos Eduardo Gutiérrez Mancilla, Ofelia Socorro Jasso Nieto,
Emilio Lara Calderón, Juan Antonio Meléndez Ortega, Rubén Ignacio Moreira Valdez, Juan
Moreno de Haro, Nadia Navarro Acevedo, Graciela Ortiz González, Víctor Samuel Palma
César, Luvianka Partida Chávez, Lorena Piñón Rivera, Ariana del Rocío Rejón Lara, Laura
Ivonne Ruiz Moreno, Luis Gerardo Sánchez Sánchez, Mónica Sandoval Hernández, Emilio
Suárez Licona, Arturo Yáñez Cuéllar y Mario Zamora Gastélum.
Movimiento Ciudadano cerró también filas en contra de la iniciativa presidencial. Entre los
legisladores que votaron en contra se encuentran Gustavo A. de Hoyos Walther, Francisco
Javier Farías Bailón, Patricia Flores Elizondo, Eduardo Gaona Domínguez, María de Fátima
García León, Sergio Gil Rullán, Tecutli Gómez Villalobos, Amancay González Franco, Laura
Hernández García, Mariana Jiménez Zamora, Paola Michell Longoria López, Jorge Lozoya
Santillán, Hugo Manuel Luna Vázquez, Patricia Mercado Castro, Anayeli Muñoz Moreno,
Gloria Núñez Sánchez, Ivonne A. Ortega Pacheco, Gildardo Pérez Gabino, Gibran Ramírez
Reyes, Irais V. Reyes de la Torre, Juan Armando Ruiz Hernández, Claudia Ruiz Massieu
Salinas, Claudia G. Salas Rodríguez, Juan L. Samperio Montaño, Miguel Ángel Sánchez
Rivera, Pablo Vázquez Ahued, Juan I. Zavala Gutiérrez y Guadalupe Araceli Mendoza
Arias.
La derrota legislativa obligó al oficialismo a replantear su estrategia política. Horas después
del resultado en San Lázaro, legisladores de Morena y de sus partidos aliados acudieron a
Palacio Nacional para reunirse con la presidenta Claudia Sheinbaum y analizar la agenda
legislativa inmediata. Entre los asistentes se encontraban el coordinador de Morena en la
Cámara de Diputados, Ricardo Monreal Ávila, el senador Ignacio Mier y el coordinador del
Partido Verde en el Senado, Manuel Velasco.
Ricardo Monreal explicó que el encuentro tenía como propósito revisar los próximos temas
legislativos, aunque reconoció que también se discutiría la posibilidad de impulsar un “Plan
B” para avanzar en aspectos de la reforma electoral mediante modificaciones a leyes
secundarias o mediante nuevas propuestas constitucionales.
En la historia política actual de México, las reformas electorales han sido siempre producto
de complejas negociaciones entre el poder y la legitimidad democrática. Desde la transición
política de finales del siglo XX hasta la actualidad, cada modificación al sistema electoral ha
reflejado el equilibrio —o desequilibrio— entre las fuerzas políticas dominantes.
La votación reciente confirma que ese equilibrio continúa siendo frágil. El oficialismo
conserva una mayoría legislativa importante, pero no suficiente para transformar por sí solo
el marco constitucional. La oposición, por su parte, ha comprendido que su mayor fortaleza
radica en la disciplina parlamentaria y en la capacidad de actuar como bloque frente a las
iniciativas del gobierno.
La política mexicana entra así en una nueva fase de negociación y disputa institucional. El
fracaso de la reforma electoral no es relevante necesariamente al final del debate; por el
contrario, abre una etapa en la que las estrategias legislativas, los acuerdos políticos y las
tensiones internas definirán el rumbo de las próximas reformas.
En democracia, las reglas del juego nunca permanecen estáticas. Cada intento de reforma
es, en el fondo, una disputa por el diseño del poder. Y en esta ocasión, el tablero
parlamentario ha dejado claro que ninguna mayoría es suficiente sin la capacidad de
construir consensos duraderos.
Nos vemos en la siguiente entrega mi correo electrónico es agustin@noticiaspc.com.mx
- El Autor es Master en Ciencias Administrativas con especialidad en relaciones
industriales, Licenciado en Administración de Empresas, Licenciado en Seguridad Pública,
Periodista investigador independiente y catedrático.

