*** Comer saludable no depende de una etiqueta, sino de la variedad, la calidad y la frecuencia con la que se eligen alimentos frescos
Por: Mtra. Delia Guadalupe Estrada Palafox./Directora del Departamento Académico de la carrera de Ciencias de la Nutrición de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG)
En los últimos años, es cada vez más común encontrar alimentos orgánicos en los estantes de supermercados, mercados locales y tiendas en nuestro país. Muchas personas los asocian de inmediato con una opción más saludable y natural, aunque su precio suele ser considerablemente más elevado en comparación con otros productos. Esto ha despertado interés y ha hecho que gran parte de la población se cuestione si consumir alimentos orgánicos es realmente necesario para cuidar la salud.
Un alimento orgánico se define como aquel que se produce bajo prácticas que limitan el uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos, evitan el empleo de organismos genéticamente modificados y buscan un mayor cuidado del medio ambiente. Es importante recordar que esta clasificación se refiere principalmente al proceso de producción y no garantiza, por sí sola, una mejor calidad nutrimental del alimento. En el caso de los productos de origen animal, la producción orgánica también restringe el uso rutinario de antibióticos y hormonas.
Que un alimento sea orgánico no significa automáticamente que sea más nutritivo ni que contenga menos azúcar, grasa o calorías. Por ejemplo, un cereal puede contar con una etiqueta que lo identifique como orgánico y, aún así, seguir siendo un producto ultraprocesado o con un alto aporte de calorías. En pocas palabras, elegir alimentos orgánicos no reemplaza una alimentación saludable de las personas que lo consumen.
La preferencia por este tipo de productos suele estar relacionada con la exposición a pesticidas. Diversos estudios señalan que quienes consumen alimentos orgánicos presentan menores residuos de estas sustancias en el organismo, algo que puede ser relevante, sobre todo en grupos vulnerables como niños y mujeres embarazadas. Sin embargo, cuando se analizan los beneficios a largo plazo en la salud, la evidencia científica disponible todavía no es concluyente.
Esto lleva a una conclusión importante: consumir alimentos orgánicos no es indispensable para llevar una alimentación saludable. La elección muchas veces depende de la disponibilidad, el acceso y el presupuesto de cada persona o familia. Si se tiene la oportunidad de elegirlos, puede ser buena idea priorizar alimentos orgánicos en algunas frutas, verduras y productos de origen animal; no obstante, cuando no están disponibles o su costo es demasiado elevado, los alimentos de producción tradicional siguen siendo una opción totalmente válida.
En estos casos, prácticas sencillas como el lavado y la desinfección adecuada de frutas y verduras cobran especial importancia. Al final, es más importante incluir de manera habitual frutas, verduras, leguminosas como frijoles, lentejas o garbanzos y cereales integrales en la alimentación, aunque no sean orgánicos, que dejar de consumirlos por limitaciones económicas o de acceso.
Para quienes desean informarse un poco más, existen listas elaboradas por organizaciones internacionales como el Grupo de Trabajo Ambiental (EWG, por sus siglas en inglés) que analizan la presencia de pesticidas en frutas y verduras. Estas herramientas sirven como una referencia general para decidir en qué alimentos podría valer más la pena elegir la opción orgánica y en cuáles no es tan necesario.
En resumen, los alimentos orgánicos pueden ser una buena alternativa dentro de una alimentación variada, pero no son indispensables. Comer saludable no depende de una etiqueta, sino de la variedad, la calidad y la frecuencia con la que se eligen alimentos frescos. Informarse y conocer las opciones disponibles ayuda a tomar decisiones más conscientes y realistas, sin extremos y de acuerdo con las posibilidades de cada persona.
delia.estrada@edu.uag.mx

