POR I. GUADALUPE DÍAZ HERNÁNDEZ.
*** DE BOLETINERO UNIVERSITARIO A MILLONARIO
* El que no ha tenido y llega a tener, loco de gusto se quiere volver. “Bien decía mi abuelo: para mediocre no se estudia.»
Cd. Victoria.- En Tamaulipas hay historias que retratan perfectamente cómo algunos funcionarios entendieron el servicio público: no como responsabilidad… sino como negocio.
El caso de MANUEL MARIO AGUILAR GONZÁLEZ empieza justamente ahí.
Un personaje que pasó desapercibido dentro de la oficina de Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Tamaulipas terminó convertido —de manera casi milagrosa— en propietario de plazas comerciales, departamentos, ranchos y residencias en el extranjero.
Y todo eso mientras ocupaba un cargo universitario.
Demasiada casualidad.
Lo que hoy se investiga dentro de la UAT no es un simple “mal manejo administrativo”. Lo que empieza a salir a la superficie es un posible esquema de enriquecimiento que ofende a la comunidad universitaria y deja muchas preguntas sobre el destino real del dinero público.
Porque el patrimonio que hoy se le atribuye a MANUEL AGUILAR GONZÁLEZ no corresponde, ni remotamente, al sueldo de un funcionario universitario.
Las versiones que circulan dentro de la propia universidad hablan de un complejo de departamentos ubicados cerca del Cuartel Militar, mismos que incluso eran rentados a jugadores de CORRECAMINOS.
Pero la cosa no termina ahí.
También aparece un rancho ganadero de aproximadamente 2 mil hectáreas en Güémez, además de una quinta en La Pesca y una residencia recientemente adquirida en Brownsville, Texas.
Nada mal para alguien que vivía de redactar boletines y manejar relaciones públicas universitarias.
Y ahora surge otro dato que terminó de encender el comentario político en Ciudad Victoria.
Sobre la calle 17 y Campeche, en una de las zonas comerciales más cotizadas y transitadas de la capital, se levanta un moderno centro comercial valuado —según estimaciones extraoficiales— en varias decenas de millones de pesos.
Un proyecto que, por dimensiones, acabados y ubicación, difícilmente podría financiar cualquier funcionario con un sueldo burocrático.
La inversión no es menor.
Terreno.
Acero.
Concreto.
Cristalería.
Instalaciones eléctricas.
Locales comerciales.
Estacionamiento.
Acabados de lujo.
Y como suele ocurrir en Tamaulipas, los rumores comenzaron a crecer más rápido que la obra.
El nombre de MANUEL AGUILAR volvió a aparecer alrededor del proyecto junto al de presuntos socios, alimentando todavía más las sospechas sobre el origen de los recursos.
Ahí es donde la historia deja de ser simple grilla de café.
En un estado donde miles de familias batallan diariamente para comprar comida, medicinas o pagar colegiaturas, resulta insultante observar fortunas construidas a velocidad meteórica desde oficinas públicas.
Por eso el mensaje lanzado por el rector DÁMASO ANAYA ALVARADO cobra relevancia.
Lejos de intentar tapar el escándalo o proteger al exfuncionario, dejó claro que el expediente será turnado a la Fiscalía Anticorrupción y que las investigaciones llegarán hasta donde tengan que llegar.
En la UAT hacía años que no se escuchaba algo así.
Durante mucho tiempo la universidad fue utilizada por ciertos personajes como plataforma política y financiera. Oficinas convertidas en negocios particulares, presupuestos manejados sin control y áreas completas utilizadas como cajas chicas.
Por eso hoy muchos dentro de la universidad observan con atención el caso.
Porque si realmente obligan a MANUEL AGUILAR a justificar cómo construyó semejante patrimonio, podrían comenzar a caer otras historias similares.
Aquí el problema no es solamente el dinero.
Es el descaro.
Mientras miles de estudiantes batallan para pagar transporte, renta o inscripción, algunos funcionarios parecían utilizar la universidad para brincar de la burocracia al mundo empresarial en tiempo récord.
Eso termina generando enojo.
Mucho enojo.
En Ciudad Victoria nadie se vuelve magnate de la noche a la mañana únicamente redactando boletines y acomodando entrevistas.
Por eso las preguntas hoy son inevitables:
¿De dónde salió realmente el dinero?
¿Quién permitió el crecimiento de esa fortuna?
¿Quiénes más participaron?
Cuando alguien de nivel medio logra acumular propiedades, tierras, negocios y casas en Estados Unidos en tan poco tiempo, resulta difícil creer que nadie dentro de la estructura universitaria notó nada.
Y también empieza a instalarse otra sospecha política:
Que quizá MANUEL AGUILAR no sea el único objetivo de fondo, sino el personaje ideal para cargar culpas mayores y aliviar presiones dentro de otros niveles de poder.
En política a esos personajes se les conoce de sobra.
“Chivos expiatorios”.
El caso de MANUEL AGUILAR podría convertirse en un parteaguas dentro de la UAT.
O en otro escándalo más que termine enterrado entre acuerdos políticos.
Eso dependerá de qué tan lejos quieran llegar las investigaciones.
Pero al menos una cosa ya quedó clara:
La autonomía universitaria ya no puede seguir siendo refugio para quienes hicieron fortuna con dinero que pertenecía a los estudiantes.
POR HOY ES TODO. LO DEMÁS SE LO CUENTO EN LA PRÓXIMA.

