Por: Gildo GARZA.
Nadie deja una posición estratégica por cansancio, por humildad militante o por ganas de “seguir luchando desde otra trinchera”. Menos cuando el apellido pesa, cuando el entorno político empieza a arder y cuando los mensajes que llegan desde Estados Unidos ya no vienen disfrazados de cortesía diplomática.
Lo de *Markwayne Mullin* no fue una postal para el álbum de Palacio. Fue una advertencia.
*Washington* ya no está mirando discursos. Está siguiendo rutas: *huachicol, dinero sucio, protección política y redes que durante años caminaron como si el poder fuera blindaje eterno.*
¿Quién sigue después de Rocha? No lo sabemos. No hay lista pública ni orden visible. Pero el patrón empieza a verse con demasiada claridad: los que crecieron al amparo del huachicol, del narcopoder o de sus operadores políticos ya sienten que el piso se les mueve.
*Andy no busca futuro político. Busca tiempo.*
Ya no le alcanza para construir una diputación federal como salvavidas. Y meterlo a Gobernación tampoco sería sencillo: a dos años de que su padre dejó la Presidencia, el tufo a nepotismo sería imposible de tapar, incluso para una maquinaria acostumbrada a justificarlo todo.
*Por eso no está buscando plataforma.*
*Está buscando lo que todavía le alcance.*
Tiempo. Cobijo. Salida. Silencio.
Porque cuando Estados Unidos empieza a cobrar facturas, el apellido ayuda, pero no siempre alcanza para apagar el incendio.
*La sentencia Carmona sigue rostizando desde la tumba.*
Tic tac.
Las y los que siguen…
*@GildoGarzaMx*

