(1.- Armando Martínez Manríquez)
Por Edy Pintor.
Confesiones del Rey Del Huachicol Parte I de VII
(1.- Armando Martínez Manríquez)
La Fortaleza de Altamira, Tamaulipas, es ser el epicentro oculto del huachicol fiscal que alimentó el veneno del fentanilo.
En las afueras del puerto de Altamira, Tamaulipas —uno de los nodos logísticos más estratégicos de México—, se erige una residencia que, según reportes a las agencias federales norteamericanas, funcionó como el corazón operativo de una de las redes más oscuras de los últimos años y es propiedad de Armando Martínez Manríquez, actual alcalde de Altamira y figura clave en el sur de Tamaulipas, esa casa no era solo un domicilio privado. Era el centro de mando donde se tejieron acuerdos que, fusionaron el contrabando de combustible (el llamado huachicol fiscal), el financiamiento ilegal de campañas políticas y la infraestructura logística para la llegada masiva de precursores químicos chinos destinados a la fabricación de fentanilo.
Al entrar en ella, hay un recibidor con una cruz de madera labrada que recibía a los visitantes. Para quienes, como Sergio Carmona Angulo —conocido como el “Rey del Huachicol”—, profesaban una fe pública, ese detalle podía parecer un toque de devoción, pero detrás de esa fachada, a la derecha, una larga mesa similar a las de sala de juntas se convirtió en el escenario de decisiones de alto riesgo. Allí, según las investigaciones, denuncias y confesiones del difunto Carmona Angulo al autor de esta columna, El Rey, operaba
Desde ese punto se distribuyeron recursos para financiar la mayoría de las campañas de Morena a presidencias municipales en todo el país en 2021, y se coordinaron operaciones mayores.
Un privado herméticamente sellado, insonorizado, servía para los acuerdos más delicados: la entrega de recursos a políticos que desfilaban por la residencia.
Armando Martínez Manríquez, como propietario y operador local con amplia influencia en el puerto, emerge en este relato como uno de los puntos neurálgicos que Estados Unidos tiene bajo vigilancia, pues, el fue el primer candidato a alcalde en el país en recibir 29 millones de pesos producto del huachicol y Fentanilo de manos de Sergio Carmona Angulo.
El puerto de Altamira no solo es clave para el comercio legítimo; ha sido señalado en reportes internacionales como ruta de entrada de precursores químicos para fentanilo. La proximidad de la casa de Martínez a las instalaciones portuarias, y el uso reportado de propiedades familiares cercanas para maniobras logísticas, colocan a esta figura en el centro de las miradas de agencias estadounidenses y el Departamento de Estado en donde despacha el implacable Marco Rubio..
La foto satelital que ha circulado, fue filtrada, según versiones, desde el Departamento de Justicia de EE.UU.— muestra embarcaciones cargando y descargando huachicol fiscal en Altamira. Esa imagen no es solo evidencia de contrabando: es la huella de un mecanismo que, según informes estadounidenses que permitió que el huachicol fiscal generara los flujos económicos necesarios para lubricar rutas, pagar protección, importar precursores y escalar la producción de fentanilo en territorio mexicano durante el sexenio de López Obrador y el actual de Claudia Sheinbaum.
Sin esa base financiera y logística del huachicol, sostienen estas versiones, la industria del fentanilo no habría alcanzado la escala letal que hoy cobra miles de vidas estadounidenses cada mes.
Armando Martínez Manríquez no es un actor periférico. Como alcalde de un municipio que controla accesos críticos al puerto, su omisión o presunta complicidad en operaciones de pipas cargando combustible ilegal directamente de buques y lo convierte en un eslabón relevante.
Altamira se transformó, bajo su órbita, en un paraíso del huachicol según denuncias periodísticas: pipas cargando a plena luz del día, silencio sospechoso desde las autoridades municipales y una red de operaciones que conectaba aduanas, puertos y financiamiento político.
El ritual que se instituyó en esa casa —el pacto entre el dinero del combustible robado al erario, el apoyo a campañas de Morena y la apertura de rutas para el veneno que hoy inunda Estados Unidos— no fue un acto aislado. Fue la formalización de un andamiaje donde lo fiscal, lo político y lo criminal se fundieron.
Carmona, asesinado en 2021 tras supuestos acercamientos a autoridades estadounidenses, dejó un rastro de denuncias que hoy inquietan a más de un dirigente. Su hermano y otros testigos han mencionado listas de beneficiarios, flujos millonarios y protección desde altas esferas.
Estados Unidos no mira a Altamira por casualidad. El puerto es estratégico para la importación de precursores.
La DEA y el Departamento de Justicia siguen pistas que conectan el huachicol fiscal con el fortalecimiento de cárteles y la producción de fentanilo.
Armando Martínez Manríquez, por su posición, su relación reportada con Carmona y el control territorial, representa uno de los nodos que Washington observa con creciente atención.
México merece claridad. No se trata solo de simples operaciones, se trata de que el el silencio y la protección de Armando Martínez Manríquez a estos nodos prolonga y prolongará el daño.
Altamira fue, es y sigue siendo la fortaleza donde se gestó el pacto mortal entre huachicol, política y fentanilo.
Armando Martínez Manríquez, está cerca de su fin y el reloj, no se detiene…
… tick tock !!.
Mi nombre es Pintor, Edy Pintor y esto es,,, EDYTORIALES.

