*** El alcalde de Victoria intenta reducir 993.9 millones de pesos observados por la Auditoría Superior del Estado a simples errores de copiado. Sus propias explicaciones exhiben la alarmante normalización de las observaciones financieras en su administración
Por Martín Díaz | Periodismo con Firma.
CIUDAD VICTORIA, TAM.- Hay declaraciones que no solo insultan la inteligencia del ciudadano, sino que directamente se mofan de ella. Escuchar al alcalde de Victoria, Eduardo Gattás Báez, justificar los 515 millones de pesos observados en la Cuenta Pública 2024 como un simple «asunto de forma», un detalle de «copias en blanco y negro» o «credenciales borrosas», rebasa la frontera de la defense política para entrar de lleno en el terreno del descaro.
Intentar convencer a los victorenses de que la capital del estado encabeza las observaciones realizadas por la Auditoría Superior del Estado en 2024 por culpa del tóner de las fotocopiadoras es una muestra de soberbia que difícilmente resiste el análisis más elemental.
Pero el verdadero problema no es únicamente lo ocurrido en 2024. El problema es que el propio alcalde reconoció que esta historia viene arrastrándose desde ejercicios anteriores. Lo que Gattás intentó presentar como una muestra de «transparencia» y de «continuidad en la solventación» termina exhibiendo algo mucho más preocupante: un patrón repetido de observaciones financieras que se ha prolongado durante prácticamente toda su administración.
Hagamos memoria y cuentas, porque los informes están ahí.
En sus primeros años de gobierno, las observaciones acumuladas rondaron los 40 millones de pesos. Para 2023, la cifra escaló hasta los 438.9 millones de pesos. Y el informe correspondiente a 2024 reportó otros 515 millones de pesos observados.
Cuando se suman con precisión los montos señalados a lo largo de estos cuatro años, el resultado es escandaloso: un total exacto de 993.9 millones de pesos observados por la Auditoría Superior del Estado. Repitámoslo para dimensionar la magnitud del asunto: casi mil millones de pesos de recursos públicos han sido objeto de observaciones y procesos de aclaración durante la administración municipal encabezada por Gattás.
¿De verdad pretende el alcalde que los ciudadanos crean que semejantes cantidades se explican únicamente por errores de copiado, documentos borrosos o fallas administrativas menores? ¿De verdad la ciudadanía debe aceptar que, después de cuatro años de gobierno, su administración sigue sin ser capaz de integrar expedientes suficientemente sólidos para superar una revisión ordinaria?
El discurso de Gattás es un catálogo de contradicciones. Dice respetar a la Auditoría Superior del Estado mientras se burla de sus criterios; presume transparencia mientras acumula cientos de millones de pesos pendientes de aclaración; y pretende presentar como un problema de fotocopias lo que durante cuatro años ha aparecido de manera recurrente en los informes de fiscalización. No es una explicación. Es una excusa.
Si después de cuatro años y 993.9 millones de pesos señalados por la ASE, la mejor respuesta que puede ofrecer el ayuntamiento son unas copias defectuosas, la frontera del cinismo ha sido superada. Intentar justificar un boquete financiero de esa magnitud con credenciales borrosas equivale a pisotear la fiscalización y, sobre todo, a insultar la dignidad de los victorenses.
Ahí están los hechos. Que cada quien saque sus conclusiones.

