
*** Periodistas funcionales contra políticos orgánicos
*** El periodista como pieza de museo
*** Políticos y funcionarios crean contenidos en redes, pero no periodismo
*** Ya no necesitan los MMC, ahora usan las redes sociales como marketing
Por: Gastón MONGE.
La evidente crisis de credibilidad, de formación y de información que el periodismo de esta ciudad
padece, sobre todo desde que la alternancia política acabó de golpe con el dominio del PRI en el
año 2013, modificó el entorno informativo, permeó la información y, sobre todo, hizo a un lado al
periodista de calle, al que colocó en una urna, en una caja de cartón en donde el oficialismo lo
transforma lentamente en un simple vocero, en transmisor exclusivo de la comunicación social.
El periodista de antaño, el que se partía el alma en las calles, aquel comunicador que se formó no
solo en las aulas sino también entre la dura tarea que obligaba a buscar la información debajo de
las piedras, entre la lluvia, entre el lodo y a veces entre el sudor y la sangre que se mezclaban por
redactar una nota incómoda, está despareciendo.
Ese periodista al que aún llaman de la vieja guardia, el que redactaba una nota a veces bajo
amenazas y en ocasiones bajo presiones oficiales que pretendían obligarlo a claudicar, pronto será
una pieza de museo porque su lugar ahora lo están ocupando periodistas estudiados pero con
escasa preparación de calle y con un mínimo de ética periodística.
Ellos ahora sustituyen al periodista duro, aquel que dicen algunos que se formó en las redacciones
a golpe de piedra y cincel, ese que lo mismo redactaba una nota, que se iba a los talleres a operar
un linotipo y regresaba a la redacción a seguir con la nota interrumpida en esas horribles, pesadas
pero útiles máquinas de escribir ‘Remington’.
El apoyo de las redes sociales ha facilitado el surgimiento de una nueva generación de periodistas
amantes de la informática, de los móviles y de la información facilitera, esa que surge de las salas
de la comunicación social de los tres niveles de gobierno.
Pero algo más inquietante y amenazante para el periodismo de antaño y el actual, está surgiendo,
es un fenómeno que ya se practica en esta frontera desde hace algunos años.
Surge a veces del oficialismo y en ocasiones de un partido político antagónico, pero que poco a
poco se adueña de las redes sociales. Son los funcionarios y los políticos multimedia, hombres y
mujeres que aprovechan el vacío informativo existente para dar a conocer sus proyectos políticos
y personales a través de aplicaciones digitales que utilizan para compartir información que solo
sirve a sus intereses personales y de partido.
Y aunque no sean periodistas de verdad se comportan como tales, sin la preparación necesaria y
sin el conocimiento básico que les permita enviar una información que solo el periodista de
carrera y de oficio le puede ofrecer a la sociedad.
Estos funcionarios remedo de periodistas son políticos orgánicos, políticos que difunden de
manera activa en las redes sociales sus proyectos, su ideología, la hegemonía de sus partidos
políticos, sus proyectos y sus ambiciones personales, porque lo que hacen es para penetrar en la
opinión pública, no para mejorarla ni para promover un cambio social, que es uno de los objetivos
del periodista y del periodismo.
Estos políticos podrán crear perfiles, podrán compartir información, podrá publicar contenidos y
establecer una comunicación directa en tiempo real con sus seguidores, pero nunca podrán ser
mediadores entre la sociedad y los políticos porque ellos solo son políticos que nunca serán
periodistas.
Se apoderan de la narrativa periodística, del vacío que va dejando el periodismo en esta ciudad. Se
aprovechan de la censura aplicada por el oficialismo al periodismo libre y eliminan el filtro del
periodista crítico.
Al no haber en las conferencias oficiales preguntas incómodas, al dejar de existir los
cuestionamientos, al abandonar los periodistas la cobertura informativa en las calles, el control de
la información por el oficialismo se hace casi absoluto.
Ese espacio, ese vacío de información ahora lo están ocupando regidores, síndicos, y funcionarios
que van obligando a los periodistas funcionales a replegarse para que esa nueva generación de
funcionarios multimedia ocupen el lugar del periodismo tradicional, al hacer transmisiones en vivo
desde la calles, al entrevistar a personajes de Juan Pueblo, al visitar lugares y hacer una narrativa
del sitio con presencia física mediante coberturas urbanas.
Pero la cobertura que hacen estos políticos esta polarizada, tanto como el periodismo local, tanto
como la sociedad. Se divide en funcionarios multimedia oficiales, los que al hacer sus narrativas en
redes sociales evitan la crítica y evitan el cuestionamiento hacia ellos mismos, hacia otros
funcionarios y hacia sus superiores, aunque la realidad se les plasme frente a ellos mismos con una
narrativa diferente.
Paralelamente surgen los funcionarios multimedia de oposición, los que son críticos del sistema
dominante, de los funcionarios municipales, los que hace creer a la sociedad que en realidad ellos
son los gestores del cambio, cuando en realidad obedecen a sus propios intereses y a los de sus
partidos políticos.
Su narrativa opositora no es tan diferente de la narrativa oficial porque en el fondo busca ocupar
el lugar que como políticos se les ha negado en procesos electorales, como oposición buscan ser
los políticos que ahora tienen el poder, y es por eso que a través de las redes sociales pretenden
estar en contacto permanente con sus seguidores al ofrecer contenidos frescos y de interés, pero
con escaso valor periodístico.
En este plano de la información multimedia, en esta ciudad vemos como todos los días surgen en
redes sociales, funcionarios y políticos activos e inactivos que intentan hacer periodismo de calle
con burdas narrativas de poco impacto social aunque de mucho interés masivo.
Regidores, funcionarios, secretarios de dependencias municipales e incluso la máxima autoridad
de esta ciudad utilizan las redes sociales para promoverse políticamente y aprovechar el vacío
periodístico de la ciudad, porque ellos ya no necesitan de los medios tradicionales como un
periódico, la radio o la TV para promoverse políticamente, porque crean sus propios medios de
comunicación.
Ahora utilizan las plataformas digitales para enviar sus mensajes a la población, y a través de las
redes sociales crean sus propios noticieros, su propia información, sus propios contenidos, y con
estas acciones destrozan el formato del periodismo tradicional y del periodista, al crear entre sus
usuarios virtuales la ilusión de estar en contacto directo con ellos, aunque esto sea falso y sea una
ilusión de hipertransparencia, la ilusión de estar muy cerca del pueblo, aunque se esté demasiado
lejos.
Con estas acciones ilusorias los políticos multimedia y los funcionarios del gobierno no solo
debilitan la labor creativa del periodista, también los condicionan a que no contradigan el
contenido informativo oficial.
Por lo tanto, lo que hacen funcionarios municipales, regidores, síndicos, secretarios de
dependencias municipales, diputados locales y federales así como presidentes municipales, no es
periodismo, no es acercamiento con la sociedad es solo una estrategia de marketing, de relaciones públicas institucionales en un entorno de evidente vacío informativo y de crisis periodística.
Hasta mañana
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