David Ed Castellanos Terán
@dect1608
Bien. Bien. Bien. (Léase en la voz del Dr. Wagner)
La ceremonia encabezada por el gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal Anaya, y el rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Dámaso Anaya Alvarado, en el Campus de la Salud, fue la expresión visible de una relación institucional que hoy incide, para bien, en dos áreas sensibles del estado: educación y salud.
La presencia del Ejecutivo estatal en la Universidad no es una novedad. Lo relevante es el tono que ha tomado esa relación. Villarreal Anaya subrayó el liderazgo del rector y los resultados alcanzados en un periodo relativamente corto: obras concluidas, crecimiento sostenido de la matrícula y una coordinación que ha permitido traducir recursos públicos en infraestructura y equipamiento. El dato es relevante porque en Tamaulipas, durante años, esa sinergia fue irregular o francamente ausente.
Desde la rectoría, Dámaso Anaya ha optado por una narrativa de resultados más que de confrontación o culpas al pasado. La inversión en la Facultad de Enfermería Victoria —170 nuevas computadoras, tecnología especializada, transporte académico, espacios dignificados y un domo de usos múltiples— no es menor. El mensaje es claro: la UAT busca fortalecerse desde lo material sin abandonar su función social.
El gobernador, médico de formación, puso el acento en el papel estratégico de la enfermería dentro del sistema de salud y en la necesidad de formar profesionistas capaces de adaptarse al avance tecnológico sin perder el enfoque humanista. Es un planteamiento pertinente, aunque el desafío real está en que ese humanismo no se quede en el discurso institucional, sino que permee en la práctica académica y en el ejercicio profesional.
La designación de la Dra. María Guadalupe Vázquez Salazar como directora de la Facultad de Enfermería Victoria se inscribe en esa lógica. Con casi siete décadas de historia, el plantel enfrenta el reto de sostener su prestigio académico en un entorno de cambios acelerados. La nueva directora habló de ética, excelencia y compromiso humano; ahora tocará traducir esos principios en resultados medibles.
En este punto conviene una precisión necesaria: la cercanía entre gobierno y universidad puede ser virtuosa si se expresa en recursos, respeto y colaboración. Se vuelve riesgosa cuando confunde respaldo con alineación, aunque sean lo que sean. La fortaleza de la UAT, y de cualquier institución autónoma, dependerá de su capacidad para mantener ese equilibrio, incluso cuando el entorno político sea más que favorable.
Hoy, es un momento de consolidación institucional. No exento de retos, pero con señales claras de avance.
En la intimidad… Que Tampico se mantenga en el décimo lugar nacional en percepción de seguridad, según la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana del INEGI, es un dato que habla de continuidad en la política pública municipal, más que de un logro aislado. Durante los últimos 18 meses, la ciudad ha sostenido su posición dentro del Top 10, lo que sugiere estabilidad en las estrategias implementadas por la administración que encabeza la presidenta municipal Mónica Villarreal Anaya.
El énfasis en gobernar con datos, medición constante y evaluación de resultados marca una diferencia frente a modelos basados únicamente en declaraciones. La coordinación interinstitucional, la presencia territorial y las acciones preventivas —como el fortalecimiento del alumbrado público y la recuperación de espacios— han impactado en la percepción ciudadana.
Conviene, sin embargo, no perder de vista que la percepción es un indicador sensible y cambiante. Su valor radica en la constancia, no en la autocomplacencia. El reto para Tampico será sostener esa tendencia y traducirla en condiciones de seguridad duraderas, más allá de los números.
En política pública, como en la vida institucional, los avances se confirman con el tiempo. Por ahora, los datos acompañan. La responsabilidad es no administrar el resultado, sino el proceso.
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