POR I. GUADALUPE DÍAZ HERNÁNDEZ.
EL SILENCIO ANTES DE LA PICADURA
* No es un operativo local, pero sí una prueba incómoda para el poder que gobierna Tamaulipas
En TAMAULIPAS, cuando la Federación decide mover piezas, el poder local suele guardar silencio. No por prudencia, sino por cálculo. La llegada del OPERATIVO ENJAMBRE no nace en el gobierno estatal ni se diseña en Palacio de Gobierno, pero se ejecuta en su territorio y pone a prueba, sin intermediarios, a quienes hoy administran el poder político.
La estrategia es FEDERAL. Tiene el sello del nuevo gobierno de CLAUDIA SHEINBAUM y el pulso operativo de OMAR GARCÍA HARFUCH, un nombre que no aparece para adornar comunicados, sino para mandar mensajes. Cuando HARFUCH entra en escena, no es para tomarse la foto; es para medir lealtades, resistencias y complicidades.
Aquí no se trata de discursos, sino de consecuencias.
TAMAULIPAS arrastra una historia larga de autoridades que aprendieron a convivir con el crimen, a tolerarlo o a voltearse al otro lado cuando convenía. Esa normalización de la corrupción institucional es el verdadero enemigo del Estado, no los nombres que hoy ocupan cargos, sino el sistema que los permitió.
Por eso el OPERATIVO ENJAMBRE incomoda. Porque no pregunta colores, pero sí exige definiciones. Y en un estado donde MORENA gobierna la mayoría de los municipios y controla buena parte de las estructuras políticas, la pregunta no es si habrá detenidos, sino a quiénes se les permitirá caer.
El gobierno de AMÉRICO VILLARREAL no es el autor del operativo, pero tampoco es un espectador inocente. Está obligado a algo más que aplaudir desde la barrera. Su papel es facilitar, no administrar daños; cooperar, no simular distancia. En política, el silencio también es una forma de posicionarse.
La presidenta CLAUDIA SHEINBAUM ha prometido continuidad en la estrategia de seguridad, pero también ha hablado de institucionalidad y legalidad. Ese discurso se pondrá a prueba en estados como TAMAULIPAS, donde el margen de error es mínimo y la tentación de usar la justicia como herramienta política siempre está latente.
Nada debilita más a una cruzada anticorrupción que la percepción de selectividad. Cuando los operativos parecen elegir objetivos por conveniencia electoral y no por solidez jurídica, la justicia pierde autoridad y el ciudadano vuelve a desconfiar. Y TAMAULIPAS ya desconfía demasiado.
Aquí no se necesitan detenciones espectaculares ni conferencias triunfalistas. Se necesitan expedientes bien armados, procesos limpios y sentencias firmes. Lo demás es ruido.
El OPERATIVO ENJAMBRE puede marcar un antes y un después si se aplica con rigor, sin excepciones ni protegidos. Pero si se convierte en un instrumento de reacomodo político, el costo será alto. No para los partidos, sino para la credibilidad institucional.
Porque los gobiernos pasan, los nombres cambian, pero la desconfianza permanece. Y en un estado como TAMAULIPAS, jugar con la credibilidad es un lujo que ningún poder debería permitirse.
POR HOY ES TODO.
LO DEMÁS SE LO CUENTO EN LA PRÓXIMA.
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