Publicado el sábado 14 mayo, 2022";
DE PRIMERA…En peligro el futuro de la democracia.

DE PRIMERA…En peligro el futuro de la democracia.

* El arte de la guerra; parte de la politica moderna

En los últimos años, investigadores de todas partes del mundo indagaron sobre una preocupación latente: la crisis de las instituciones democráticas y el futuro de la democracia. Falta de interés en la política, decrecimiento del apoyo a la democracia como el mejor sistema de gobierno, caída de la confianza en instituciones democráticas y en políticos son algunos de los varios signos que reflejan la insatisfacción política de los ciudadanos.

Los académicos Steven Levitsky y Daniel Ziblatt buscan identificar los comportamientos de políticos que ponen en riesgo nuestras democracias.

Si bien los estudios convienen en la existencia del deterioro de la confianza en la democracia y de desilusión hacia las instituciones políticas, también registran el aumento de la participación política.

La mejor forma de destruir una democracia es democráticamente. Mientras antes se trataba mayoritariamente de dictaduras militares, hoy las democracias mueren en las manos de líderes electos que hacen uso del poder para subvertir los mecanismos democráticos a través de los cuales fueron elegidos.

Autoritarios llegan al poder y destruyen la democracia. El análisis revela cómo en casos que corresponden a contextos, fechas y países muy diferentes se repiten determinados patrones.

Sin embargo, la historia revela que, dentro de las varias formas a través de las cuales autoritarios acceden al poder, se reitera la del ascenso de aquellos que ya se encuentran dentro del sistema político.

Así, el pacto de alianzas políticas gubernamentales o electorales, así como también la legitimación de determinadas figuras por parte de reconocidos políticos, puede exaltar y alimentar la creación de destructores de la democracia.

Cómo mueren las democracias manifiesta una gran responsabilidad para los partidos políticos: tienen el rol de frenar el crecimiento de figuras autoritarias. En otras palabras, los partidos políticos funcionan como los gatekeepers de la democracia, los principales responsables de actuar como catalizadores o inhibidores de autócratas.

Así como a  Chávez le abrieron las puertas al quehacer político, líderes dañinos como Hitler y Mussolini gozaron de popularidad cuando figuras políticas establecidas les expresaron su apoyo.

Por un lado, este mensaje derriba la idea generalizada de que el destino de las democracias está en las manos de sus ciudadanos, sin menospreciar el peso que tiene la ciudadanía en la protección de la democracia.

Por otro, reafirma el valioso rol de los políticos en su calidad de guardianes de la democracia.. Muchas veces salvar una democracia y evitar el ascenso de candidatos autoritarios significa renunciar al éxito del propio partido político, algo a lo que no todos están dispuestos. Recientes casos prueban ambos, el éxito de coaliciones que se formaron para confrontar a líderes autoritarios y el fracaso electoral en el que autócratas llegan al poder a causa de la inacción de los partidos.

Por ejemplo, en el caso de los primeros, la formación de la coalición puede darse incluso entre partidos políticos con orientaciones ideológicas muy diferentes y hasta contrarias. Sin embargo, la coalición se pacta a sabiendas de que los pactantes actúan por un bien mayor.

En estos casos, los pactantes también son conscientes de que la coalición conlleva arriesgar el triunfo de determinado partido y hasta perder representación parlamentaria.

¿Cómo nace la política moderna?

El surgimiento del nuevo pensamiento político de la modernidad surgió a partir de los textos de Maquiavelo2 Discursos sobre la primera década de Tito Livio, El Príncipe, Sobre el arte de la guerra.

La guerra es una actividad inherentemente política y quien no emprenda su análisis desde esta perspectiva yerra gravemente. Es más, y en tanto que choque de poderes, no es una actividad inherentemente sangrienta, sino inherentemente política. En cualquier caso, el pensamiento de Maquiavelo supera con creces las dimensiones en que quedaba encuadrada la guerra durante el Medievo al instalarla en lo político.

Y es que en la guerra la política marca los fines, el para qué y la dota de su razón de ser, a fin de cuentas, es uno de sus instrumentos. Sin política, se torna absurda e irracional.

La guerra como dialéctica de voluntades hostiles queda consignada como un debate sangriento y netamente político superando con ello de facto los corsés medievales. Es más como todo acto político, incorpora su propio lenguaje y es siempre un ámbito de elección. La gramática de la guerra es la política.

La esencia del maquiavelismo consiste en “el primado de la observación sobre la ética”. Su cinismo se explica porque los hombres temen saber cómo obran en realidad.

El maquiavelismo de la estrategia confunde fuerza con poder; y esa es una grave equivocación, porque el poder no es solo mensurable en términos militares, sino que es la suma de componentes culturales, económicos, ideológicos, etc., haciendo de tal significación un absurdo. Lo que determina el poder no es lo que este destruye, sino muy al contrario, lo que es capaz de construir.

 “Cuando le sea indispensable derramar la sangre de alguno, no deberá hacerlo nunca sin que para ello haya una conducente justificación y un patente delito. Pero debe entonces, ante todas cosas, no apoderarse de los bienes ajenos; porque los hombres olvidan más pronto la muerte de un padre que la pérdida de su patrimonio”

Cualquier realidad con lo que vivimos no es mera coincidencia es la evolución de la política, del hombre, de las masas y de la insatisfacción de necesidades incumplidas por parte de las autoridades.

Las alianzas se han formado para derrocar a otros líderes y el autoritarismo no es bueno porque no genera un beneficio colectivo.

La guerra sucia producto de los análisis de Maquiavelo es lo que hoy leemos en las campañas en nuestro estado, nada que no se haya estudiado antes se está aplicando ahora, como modelo que funciona adoc de las circunstancias.

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