Jota Erre: ni pa’ una pinche cumbia…
Por: Edy Pintor.
A diferencia de otros reynosenses célebres —bandidos de leyenda, dirían algunos— como Chito Cano, Gerardo González o hasta el mismo Chón García, que tienen corridos bien merecidos por que eran hombres de palabra y ‘diatiro’, José Ramón Gómez Leal, el corrupto senador que le puso 30 millones de dólares a la precampaña de Adan Augusto Lopez, hoy defenestrado senador de la coordinación de la camara alta, es un ser de ‘miseria humana’ con suerte, su único dios es el becerro de oro.
El dinero ilícito y proveniente de la delincuencia.
Aquellos, con mito o sin él, al menos supieron bailar cuando sonaba la música.
Porque una cosa es cargar apellido, y otra muy distinta es cargar suerte; y la buena fortuna, suerte de Gómez Leal, se evaporó. Se erosionó.
La buena fortuna se le fue el mismo día que Andy Lopez Beltran cayó como ficha de dominó, arrastrado por la caída mayor: Adán Augusto.
Cuando el protector tropieza y Washington empieza a mirar con lupa —no con micrófono—, los proyectos se desmoronan sin necesidad de escándalo.
La suerte se acabó. Y lo que queda es el murmullo incómodo de un pasado que muchos en Tamaulipas asocian, por versiones persistentes y metáforas que circulan desde hace años, con huachicol político heredado, casi genético. No como acusación formal, sino como esa fama que en la frontera se pega y no se quita.
Al corte de hoy, en tiempo real, lo que ayer se vendía como gubernatura segura ya no alcanza ni para la rifa.
Las aspiraciones presidenciales se fueron junto con Andy, junto con Adán Augusto, y por simple inercia él o lo que sea, el tal Jota Erre, también cayó: efecto dominó puro.
Cuando la nube gris del narco-Estado empieza a pesar, no hay paraguas que alcance.
Hoy, a JR ya no le da para Tamaulipas.
Con suerte, apenas le alcanzaría para ser aspirante —que no es lo mismo que candidato— a la presidencia municipal de Reynosa. Y eso, suponiendo que el viento cambie y la memoria colectiva sea corta.
Porque de aquí a la selección real todavía falta tramo, y en política, no todos sobreviven a la limpieza.
Si la tendencia se mantiene, el futuro puede ser más modesto para el senador que lleva el Huachicol y el dinero ilícito en su ADN: jefe de estacionómetros o encargado de algún rastro municipal en algún municipio del estado. Puestos honrados, sí, pero muy lejos del poder que alguna vez creyó eterno.
Así termina la historia cuando se apaga la música: unos bailan hasta el final; otros descubren, tarde, que sin padrino no hay corrido…
…y sin suerte, no le alcanza siquiera, pa’ una pinche cumbia.

