*** Sin embargo, su apoyo es dirigido al Ayuntamiento de Altamira, cuando le hace más falta a la población
Por Agustin Peña Cruz | NoticiasPC.com.mx |
ALTAMIRA, TAM.- En un acto que combinó responsabilidad social
empresarial y señales políticas de mediano plazo, la empresaria y exlegisladora
Griselda Carrillo Reyes formalizó la entrega de 3 mil bolsas ecológicas al municipio
de Altamira, una acción orientada a fortalecer la limpieza en espacios recreativos
como la playa y zonas familiares de alta afluencia.
La donación, impulsada a través del Grupo Multimodal, se proyecta en una agenda
de empresa socialmente responsable que, según explicó la propia Carrillo Reyes,
busca “cooperar, ayudar y estar de la mano con nuestro municipio y con los
municipios de alrededor”. En ese sentido, precisó que las bolsas serán utilizadas
principalmente para mantener limpias las playas, aunque también podrán emplearse
en áreas como el parque acuático, donde concurren numerosas familias.
“Con mucho gusto entregamos 3 mil bolsas ecológicas para ayudar a que nuestras
playas se mantengan limpias”, señaló. Añadió que la iniciativa privada puede
aportar, incluso con acciones pequeñas, a la construcción de una ciudad más
ordenada: “La intención es que sigamos trabajando de la mano… y que Altamira se
cuide”.
Sin embargo, más allá del componente ambiental, el evento adquirió un matiz
político tras la invitación pública del alcalde para que Carrillo Reyes se reincorpore
al servicio público, luego de nueve años de ausencia. La exdiputada local, quien
también fue candidata a la presidencia municipal en 2016 y a diputada federal en
2018, respondió con cautela, sin cerrar la puerta a un eventual retorno.
“Agradezco mucho al presidente”, afirmó, al tiempo que explicó que su retiro de la
vida pública ha estado enfocado en su familia y en el desarrollo de proyectos desde
la iniciativa privada. “Tengo nueve años fuera del servicio público… feliz de estar
como mamá al 100% y apoyando a través de la iniciativa privada”, indicó.
Pese a declinar una incorporación inmediata al gobierno municipal, su discurso dejó
entrever una conexión emocional con la función pública. “Está en mi corazón servir
siempre a Altamira”, sostuvo, marcando una línea discursiva que privilegia el
servicio por encima de los cargos formales.
La reacción de la exfuncionaria también evidenció el peso de su trayectoria política
en la memoria colectiva de Altamira. Recordó su paso por cargos públicos donde,
dijo, tuvo la oportunidad de beneficiar a diversas familias mediante programas
estatales. “Regresar el día de hoy y sentirme cobijada por todos ellos… quiere decir
que tal vez hicimos algo bien”, expresó.
Ese capital político, acumulado durante su paso por la LXI Legislatura del Congreso
de Tamaulipas —donde incluso presidió la Mesa Directiva en 2011—, así como sus
candidaturas previas, la posicionan como una figura vigente en el escenario local,
pese a su actual alejamiento partidista.
Al ser cuestionada sobre una eventual candidatura, Carrillo Reyes no descartó esa
posibilidad, aunque insistió en que no es una prioridad inmediata. “Claro que me
gustaría, no lo descarto en algún momento en mi vida”, afirmó. No obstante, matizó
que su eventual participación no estaría ligada a una plataforma partidista
específica. “Sería por la ciudadanía”, puntualizó.
En esa línea, reveló que no milita en ningún partido político desde hace nueve años,
distanciándose de su pasado en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), donde
construyó gran parte de su carrera.
Carrillo Reyes apuesta, por ahora, a consolidar su perfil desde la iniciativa privada,
reforzando su imagen como empresaria comprometida con causas sociales,
mientras mantiene abierta la puerta a un eventual retorno electoral.
No obstante, en un entorno donde las figuras con arraigo territorial y perfil ciudadano
cobran relevancia, la aparición pública —arropada por una acción concreta de
beneficio colectivo— muestra una estrategia de reposicionamiento gradual.
Por lo pronto, la entrega de bolsas ecológicas no solo representa un gesto
ambiental, sino también un recordatorio de que, en Altamira, la frontera entre lo
social y lo político sigue siendo permeable.

