*** El 8 de marzo debería ser una fecha para hablar de igualdad, pero hoy, en México, sigue siendo una fecha para exigir justicia: SOMOS MX
Por: REDACCIÓN.
CIUDAD DE MÉXICO .- En el marco del Día Internacional de la Mujer, esta fecha debería servir para evaluar avances: igualdad laboral, acceso a oportunidades y políticas públicas que garanticen derechos y justicia para las mujeres.
Pero la realidad del país nos obliga a hablar de lo más básico y lo más doloroso: el derecho a la vida.
Los recientes hechos ocurridos en Morelos, donde jóvenes mujeres han sido víctimas de desaparición y asesinato, así como el homicidio de una madre buscadora que dedicaba su vida a encontrar a personas desaparecidas ante la ausencia del Estado, nos recuerdan una verdad que duele: en México ser mujer sigue siendo un riesgo.
Mientras desde el poder se insiste en hablar de transformación, miles de mujeres siguen viviendo con miedo.
Miedo a no regresar a casa.
Miedo a desaparecer.
Miedo a convertirse en una cifra más de la impunidad.
Y esas cifras son alarmantes.
México ocupa el tercer lugar a nivel mundial en violencia sexual infantil, con reportes que indican que más del 34 por ciento de las víctimas de abuso sexual son niñas, niños y adolescentes.
Tan solo en 2025, los datos mostraron que diariamente 58 mujeres y niñas eran víctimas de abuso, acumulando más de 10 mil casos en el primer semestre de ese año.
A esto se suma una realidad brutal que no puede ignorarse: en México se registran entre 51 y 54 feminicidios al día.
Frente a una crisis de esta magnitud, resulta imposible justificar que otras discusiones ocupen el centro del debate público.
Además, ante eventos de gran escala como el Mundial FIFA 2026, organismos internacionales como UNICEF han advertido sobre el aumento del riesgo de explotación sexual infantil en el país, lo que vuelve aún más urgente fortalecer los mecanismos de protección y prevención.
Por eso hoy miles de mujeres marchan en todo el país.
Marchan porque están cansadas.
Marchan porque están indignadas.
Marchan porque quieren vivir sin miedo.
El 8 de marzo debería ser una fecha para hablar de igualdad.
Pero hoy, en México, sigue siendo una fecha para exigir justicia, seguridad y políticas públicas que respondan a las necesidades reales de las mujeres.
Por ello hacemos un llamado firme y directo a la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, para que escuche y atienda con seriedad las agendas de las mujeres de este país.
México no necesita más discursos.
México necesita resultados.
Es urgente colocar en el centro de la agenda pública la construcción de un Sistema Nacional de Cuidados, con políticas públicas integrales y presupuesto suficiente que reconozcan, redistribuyan y garanticen el derecho al cuidado.
Un sistema que permita que las mujeres puedan incorporarse plenamente al trabajo, a la educación y a la vida pública, sabiendo que sus hijas e hijos, así como las personas que dependen de su cuidado, cuentan con espacios seguros, servicios de calidad y acompañamiento institucional.
Porque mientras el trabajo de cuidados siga recayendo casi exclusivamente en las mujeres, la igualdad seguirá siendo una promesa pendiente y la autonomía económica de millones de mujeres seguirá limitada.
La violencia contra las mujeres no puede seguir relegada mientras la agenda nacional se concentra en reformas políticas o disputas de poder.
Hoy la prioridad no puede ser la reforma electoral, cuando cada día entre 51 y 54 mujeres son víctimas de feminicidio en el país.
La prioridad debe ser detener la violencia que está arrebatando la vida de las mujeres en todo México y construir políticas públicas que garanticen su seguridad, su autonomía y su derecho a una vida libre de violencia.
Porque mientras se discuten reformas, en México siguen desapareciendo niñas, jóvenes y madres.
Mientras se presume una transformación, las madres buscadoras siguen haciendo el trabajo que le corresponde al Estado.
Y esa realidad no puede seguir siendo normal.
Más cruel que el olvido es la desaparición.
Porque el olvido llega con el tiempo, pero la desaparición condena a las familias a una espera interminable.
México no puede acostumbrarse a esa tragedia.
Por las que ya no están.
Por las que siguen desaparecidas.
Por las que hoy marchan exigiendo justicia.
Ni una mujer menos. Ni una más desaparecida.

