Por Edy Pintor.
*** Camarena sigue sangrando 41 años después…
En 1985, los narcos de Guadalajara torturaron, violaron y asesinaron a Enrique “Kike” Camarena, agente de la DEA.
No fue un “accidente”. Fue un mensaje: “Aquí mandamos nosotros”. Desde entonces, cada gobierno gringo —demócrata o republicano— ha tenido el caso como espina en la garganta.
No lo olvidan. No perdonan.
Porque para el sistema de justicia y gobierno norteamericano, atacar a uno de los suyos es atacar a la patria entera.
Ellos condecoran a sus caídos. Les levantan monumentos. Les hacen películas. Y persiguen al autor intelectual hasta el último rincón del infierno. Punto.
Ahora, la gota que derramó el vaso: Chihuahua, abril 2026
Dos agentes de la CIA —sí, de la Central Intelligence Agency— mueren en un accidente de carretera mientras regresaban de un operativo contra un laboratorio de metanfetaminas en la sierra de Chihuahua.
Iban con dos funcionarios mexicanos del estado.
Estaban ayudando a desmantelar la máquina de muerte que envenena a sus niños y a los nuestros. No eran turistas.
Estaban en “cumplimiento del deber”, como dice el argot norteamericano. Y murieron.
Mientras tanto, el gobierno de Claudia Sheinbaum (léase el Obradorato), en vez de bajar la cabeza, guardar luto y decir “gracias por la sangre derramada por nuestra paz social”, se pone a investigar… ¡a la gobernadora de oposición Maru Campos y al estado de Chihuahua!
Acusa de violar la Constitución, de no avisar al dedazo federal, de “subordinación” y de “antipatriotismo”.
Sheinbaum sale en mañanera a regañar, a exigir explicaciones y a amenazar con sanciones contra el estado.
Ni una sola palabra de condolencia sincera a las familias anglosajonas. Ni un “lo sentimos, pero gracias”. Nada.
Solo soberanía herida y dedo acusador contra la oposición.
Eso, es una bofetada en la cara del sistema de justicia yanqui.
A la mística gringa que Sheinbaum no entiende (o no le importa)
El gobierno norteamericano se construye sobre dos pilares sagrados: la justicia como religión: Si matas o dejas morir a uno de los nuestros en la línea de fuego, no hay “colaboración bilateral” que valga. Hay exigencia. Hay presión. Hay consecuencias.
El culto al héroe caído: veteranos, agentes, soldados… cuando caen, el país entero se pone de pie.
No los usan de bandera para después escupirles.
Sheinbaum y su obradorato siguen en la lógica de “la soberanía ante todo, aunque se caiga el mundo”.
Prefieren atacar a una gobernadora de oposición que está combatiendo al narco de verdad (porque en Chihuahua sí se atreven) que reconocer que los gringos estaban ahí porque el gobierno federal ha sido incapaz o no ha querido meterle con todo a los cárteles.
Y aquí viene lo que trasciende en Washington (y que ya nadie oculta): el nombre de Claudia Sheinbaum Pardo ya huele a prioridad en los escritorios del Departamento de Justicia gringo. No es cuento.
El expediente personal ya está sobre la mesa.
Porque cuando ofendes el nervio más sensible —el honor de sus agentes caídos—, los norteamericanos no se quedan con los brazos cruzados. Ellos no olvidan.
Esto no es un “incidente diplomático”. Es una ofensa de alto calibre al corazón del sistema de justicia y gobierno norteamericano.
Sheinbaum cree que con discursos de soberanía y regaños a la oposición se tapa el sol con un dedo. Error garrafal.
Los gringos ya están en modo “pistolero de fama”: dos ofensas acumuladas, Camarena sin cerrar del todo más dos agentes de la CIA muertos en su territorio mientras ayudaban.
Y la indiferencia, como ya lo enunciamos, el ataque político y la falta de respeto son la cereza del pastel.
Al pueblo mexicano le vale madres la “soberanía” cuando sus hijos mueren de fentanilo.
A los gringos les vale madres la retórica de izquierda cuando matan a los suyos.
El gobierno mexicano no está honrando la memoria de los caídos que luchaban contra el narco. Los está usando como pretexto para cazar brujas políticas
Ya lo sabemos. Y duele. Pero hay que decirla con huevos:
¡Despierta, México!
Los gringos no perdonan.
Y cuando se enojan de verdad, ni Sheinbaum, ni el Obradorato, ni nadie los detiene.
Ya andan como los Pistoleros Famosos: una ofensa no la olvidan…
…que les sea leve
Mi nombre es Pintor, Edy Pintor y esto es, EDYTORIALES.

