Por: David Castellanos Terán.
@dect1608
.- Al encuentro de la realidad
Las universidades mexicanas suelen ser evaluadas por el número de profesionistas que lograban graduar, pero, en el presente la discusión es otra. Ya no importa mucho el “cuántos títulos expiden”, sino qué tan bien capacitados salen para comenzar a transformar al mundo.
Y precisamente la Universidad Autónoma de Tamaulipas parece estar enviando una señal bastante interesante en este sentido de visión universal.
Y todo tiene que ver con esa decisión de fortalecer su papel como entidad certificadora de competencias laborales, al tratarse de una apuesta por reconocer lo trascendental y la enorme reserva de conocimiento fuera de las aulas.
Miles de tamaulipecos aprendieron un oficio trabajando. Aprendieron a construir viviendas, reparar motores, instalar sistemas eléctricos o desarrollar técnicas artesanales transmitidas de generación en generación. Son conocimientos que sostienen la economía cotidiana del estado, pero que pocas veces encontraron respaldo institucional, y es muy necesario.
Por eso la UAT está diciendo algo que parece obvio: la experiencia también genera conocimiento.
La máxima casa de estudios tamaulipeca comienza a ocupar espacios donde históricamente el Estado había estado ausente, y hoy se habla de la UAT, no de HarUAT, se le refiere con total respeto.
No se trata únicamente de certificar plomeros, albañiles o mecánicos. Se trata de otorgar valor social a quienes han construido su prestigio mediante el trabajo.
Hay además otro elemento que merece destacarse.
Cuando la Universidad certifica a artesanos de la Cuera Tamaulipeca y participa en procesos vinculados a la protección de la propiedad intelectual, no solamente valida capacidades técnicas. También se convierte en defensora de la identidad cultural de Tamaulipas.
Eso representa una visión moderna de universidad pública.
La apertura de nuevos espacios de certificación en Tampico y el proyecto para extender estos servicios a Ciudad Victoria revelan una estrategia más amplia. No es difícil advertir que la administración rectoral busca acercar la Universidad a sectores que tradicionalmente permanecían fuera de su radio de influencia.
Esa parece ser la ruta que hoy explora la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
Y en un estado que necesita fortalecer su capital humano para competir en una economía cada vez más exigente, reconocer el valor de la experiencia puede terminar siendo tan importante como generar nuevos conocimientos.
En la intimidad… Mientras la Universidad fortalece mecanismos para reconocer capacidades y talento, otro desafío mantiene en alerta a las instituciones del estado: la llegada de la temporada de ciclones.
La secretaria de Salud, Adriana Marcela Hernández Campos, hizo bien en colocar el tema sobre la mesa antes de que la emergencia toque la puerta. La formación del primer ciclón tropical en el Golfo de México recuerda una realidad que los tamaulipecos conocen demasiado bien: los fenómenos naturales no avisan dos veces.
La instrucción del gobernador Américo Villarreal Anaya de mantener activados los protocolos preventivos refleja una lección aprendida a lo largo de los años. La diferencia entre una contingencia controlada y una crisis suele encontrarse en las acciones previas, no en las reacciones posteriores.
Por ello, la coordinación entre Protección Civil, Salud, CONAGUA, COEPRIS y los organismos de atención representa hoy una de las tareas más importantes del aparato gubernamental.
La recomendación para la población es sencilla, pero fundamental: mantenerse informada a través de fuentes oficiales, ubicar refugios temporales, proteger agua y alimentos, y atender de manera puntual cada aviso de las autoridades.
La temporada apenas comienza. Y cuando se trata de ciclones, la prevención sigue siendo la mejor política pública.
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