
Por José Luis Castillo.
UNO.- Hay grandes obras que no se ven pero se sienten y quedan tatuadas en el alma
sobre todo de las familias porque cambian la vida de las personas sin necesidad de
reflectores. La regularización y escrituración de predios avanza.
Hay que señalar que pocas acciones generan una absoluta tranquilidad como es el de
entregar a una familia el documento que acredita legalmente que el patrimonio por el que
ha luchado durante años finalmente le pertenece. No es solo una escritura; es la certeza
de que nadie podrá cuestionar el techo que con tanto esfuerzo se ha construido.
Por ello, resulta relevante el avance de los convenios de escrituración en municipios como
Victoria, Tampico, San Nicolás, Miguel Alemán, Ciudad Mier, Matamoros, Ciudad Madero,
Jiménez, González, Antiguo Morelos, Altamira y Aldama. Detrás de cada expediente hay
horas de gestión, recorridos, reuniones y trabajo de campo que pocas veces son visibles
para la opinión pública.
En esa tarea destaca el trabajo de Germán Fernández, Coordinador de Delegaciones del
ITAVU, cuya presencia permanente en territorio confirma que la solución de los problemas
no se encuentra detrás de un escritorio. Quienes conocen el proceso saben que la
regularización exige paciencia, negociación y seguimiento constante para destrabar
asuntos que, en algunos casos, llevaban años esperando una respuesta.
Pero el esfuerzo no termina ahí. La segunda etapa, que contempla la escrituración de
lotes en San Fernando, El Mante, Xicoténcatl, Llera, Nuevo Laredo, Valle Hermoso, Río
Bravo, Camargo, Palmillas, Jaumave, Ocampo, Gómez Farías y Soto la Marina,
representa una nueva oportunidad para que cientos de familias obtengan la seguridad
jurídica que durante mucho tiempo anhelaron.
La verdadera política pública no siempre hace ruido. A veces llega en forma de un
documento que permite dormir con tranquilidad, acceder a un crédito, heredar un
patrimonio sin conflictos y mirar el futuro con mayor certeza.
Ese es el valor de la escrituración: convertir años de incertidumbre en seguridad para las
familias. Y cuando ese objetivo se cumple mediante un trabajo constante, cercano a la
gente y con resultados concretos, también merece ser reconocido. Porque al final, pocas
acciones tienen un impacto tan profundo como darle a una familia la tranquilidad de saber
que el lugar donde vive ya es, legalmente, suyo.
DOS.- Las recientes declaraciones de Arnulfo Rodríguez Treviño parecen tener un
destinatario claro: quienes aspiran a sucederlo al frente de la Sección 30 del SNTE.
El mensaje fue contundente: “no van a llegar”. Y más que una invitación a respetar los
tiempos estatutarios, al estilo del dirigente sonó como una amenaza de quién sigue
teniendo el control del sindicato, no de la base, hay que decirlo.
Y ahí está la diferencia. Una cosa es controlar la estructura sindical y otra muy distinta
representar el sentir de las bases. El liderazgo auténtico se construye con el respaldo de
los trabajadores, no con el control del aparato gremial.
Vale aclarar que en los hechos, la cancha no parece pareja. Los personajes identificados
con el grupo de Arnulfo pueden recorrer el estado, reunirse con maestros, construir
acuerdos y promover su imagen sin mayores obstáculos. En cambio, quienes son vistos
como oposición cómo Naif, Abelardo y Enrique Meléndez, denuncian que enfrentan vetos,
exclusión y limitaciones para organizar reuniones o difundir sus planteamientos.
Si el llamado es a respetar los estatutos, esa exigencia debería aplicar para todos por
igual. Porque la democracia sindical no consiste únicamente en celebrar una elección,
sino en garantizar que todos los aspirantes tengan las mismas oportunidades para
competir y convencer a los trabajadores.
Desafortunadas las declaraciones del dirigente porque alimentan la percepción de que la
sucesión no dependerá de la voluntad de los maestros, sino de la decisión del grupo que
hoy controla la estructura sindical. Esa percepción, justa o no, debilita cualquier discurso
sobre apertura y democracia.
Pero hay que dejar muy en claro al final, el verdadero liderazgo no se decreta ni se
impone desde la dirigencia. Se gana en las aulas, en las escuelas y entre los miles de
maestros que esperan un sindicato donde la competencia no esté definida de antemano y
donde el respaldo de las bases pese más que el control del aparato.
TRES.- La presentación de los avances del Atlas de Riesgos Hidrometeorológicos
confirma el papel que debe desempeñar una universidad pública en la actualidad: generar
conocimiento que tenga un impacto directo en la vida de las personas.
La Universidad Autónoma de Tamaulipas demuestra que la educación superior no se
limita a la formación académica. Cuando sus investigadores, docentes y estudiantes
participan en proyectos de esta magnitud, la ciencia deja de ser un ejercicio académico
para convertirse en una herramienta que protege vidas, fortalece la planeación
gubernamental y ayuda a reducir los efectos de fenómenos naturales que año con año
afectan a miles de familias.
El beneficio para los estudiantes es especialmente significativo. Formarse en una
institución que desarrolla proyectos estratégicos para el estado les permite adquirir
experiencia en investigación aplicada, el uso de tecnologías de vanguardia y la solución
de problemas reales. Esto eleva su preparación profesional, fortalece su sentido de
responsabilidad social y los convierte en egresados con mayores capacidades para
enfrentar los retos del mercado laboral y del servicio público.
Sin embargo, el mayor impacto recae en la población. Contar con un Atlas de Riesgos
elaborado con rigor científico permitirá identificar zonas vulnerables, anticipar escenarios
de inundación y diseñar mejores estrategias de prevención y respuesta. En otras
palabras, representa una inversión en seguridad, en protección del patrimonio y, sobre
todo, en la preservación de vidas humanas.
Este tipo de iniciativas también fortalece el prestigio de la UAT que encabeza el rector
Dámaso Anaya Alvarado, como una institución comprometida con el desarrollo de
Tamaulipas.
La universidad confirma que el conocimiento tiene un verdadero sentido cuando
trasciende los laboratorios y llega a las comunidades, especialmente a aquellas que
históricamente han sido más vulnerables ante los fenómenos hidrometeorológicos.
La vinculación entre la Universidad Autónoma de Tamaulipas y el Gobierno del Dr.
Américo Villarreal Anaya, cuando se orienta a proyectos científicos y de beneficio social,
representa un ejemplo de cómo la academia puede convertirse en un aliado estratégico
para construir un estado más seguro, resiliente y preparado. Ese es, sin duda, el
verdadero valor de una universidad pública: formar profesionales de excelencia mientras
pone su capacidad científica al servicio de toda la sociedad.







