Por: I. GUADALUPE DÍAZ HERNÁNDEZ.
*** LA POLÍTICA DE LA RABIA: JOSÉ RAMÓN GÓMEZ LEAL Y SU CATARSIS PÚBLICA
* JR: ¿Un senador en campaña o un espectador caro? Con más de 100 ausencias y cero iniciativas aprobadas, ¿Qué está haciendo realmente por Tamaulipas?
En Tamaulipas, hay quienes creen que la política es un simple juego de números, promesas y discursos cuidadosamente calculados, pero, en el caso del senador JOSÉ RAMÓN GÓMEZ LEAL, todo se reduce a berrinches, insultos y peleas con los que, según él, lo critican. Su última víctima: la prensa. Con un grito cargado de rabia, se refirió a los periodistas como «chayoteros», esa palabra que, como buen político, cree que puede usar para tapar su incapacidad de escuchar y aceptar la crítica. Y así, en vez de afrontar las denuncias sobre su falta de trabajo, opta por atacar a quienes se atreven a señalar sus falencias. Un verdadero líder de la política moderna, ¿Verdad?
Y, por supuesto, como no podía faltar, se atrevió a arremeter contra aquellos que, en su opinión, lo atacan sin razón. Claro, hablamos de la edil de Nuevo Laredo, CARMEN LILIA CANTUROSAS, quien, según algunos rumores, ha invertido cantidades millonarias en propaganda para poner en tela de juicio las aspiraciones de otros. La política de lodo, la misma que tanto le molesta a JOSÉ RAMÓN, parece ser la estrategia preferida por quienes están tan seguros de que el futuro ya está asegurado. Pero, ¡oh sorpresa! En vez de enfrentarse a la verdad, el senador prefirió esconderse tras su mantra de “chayoteros”.
Lo cierto es que, si alguien está empeñado en hundirse solo, es JOSÉ RAMÓN. La crítica de la prensa, que tanto parece lastimarlo, es solo la punta del iceberg de lo que es su verdadera catástrofe política: la falta de trabajo y resultados. No hay cómo ocultar las cifras: más de 100 ausencias en el Senado, un saldo negativo de iniciativas y una cantidad absurda de dinero que ha percibido sin, realmente, generar un impacto. Lo único que ha logrado es una completa desconexión con su gente, su estado y sus propios ideales. ¿Un espectador caro? Tal vez. Un senador con futuro incierto, sin duda.
Para que quede claro, JOSÉ RAMÓN no solo ha faltado a más de una de cada tres sesiones en el Senado. Ha acumulado, según los reportes de la prensa «chayotera» que tanto detesta, un total de 104 ausencias de un total de 286 sesiones, es decir, casi un tercio del tiempo que el Senado ha estado trabajando, él no ha estado presente. Y, para añadir insulto a la herida, de las siete iniciativas que ha presentado, ninguna ha sido aprobada. Sí, leyeron bien: siete iniciativas que, además de no ser aprobadas, no han tenido ningún impacto real ni en Tamaulipas ni en la política nacional. ¿Qué está haciendo realmente este senador con su tiempo? Su trabajo se limita a estar presente solo cuando la cámara tiene un enfoque sobre él, y aún así, su presencia es más notoria por su falta de capacidad para gestionar iniciativas que por sus logros.
¿Qué recibe a cambio de tanto tiempo perdido y tanta falta de compromiso? La respuesta es sencilla: un jugoso sueldo. El senador JOSÉ RAMÓN GÓMEZ LEAL percibe entre 300,000 y 400,000 pesos mensuales, lo que equivale a un acumulado de cinco millones de pesos por el tiempo que ha estado en el Senado sin hacer más que calentar el asiento. Esto, por supuesto, es pagado por los impuestos de los ciudadanos, que, en lugar de ver resultados tangibles de su trabajo, se quedan con una amarga sensación de abandono y desinterés por parte de su representante.
Y es que este hombre ha hecho más por hacer enojar a los reporteros que por darles motivos para aplaudirle. Entre la falta de transparencia, la escasa productividad y los gastos públicos que caen en saco roto, el senador se muestra como un personaje que está más centrado en las peleas personales que en lo que realmente importa. Si cree que llamarnos “chayoteros” resolverá sus problemas, se está equivocando. La política, JOSÉ RAMÓN, no se resuelve con rabietas. Se resuelve con trabajo, con resultados, y sobre todo, con humildad para aceptar lo que se te señala.
Por otro lado, su fiel discípula, CLAUDIA HERNÁNDEZ SÁENZ, parece estar perfeccionando la estrategia de la lealtad de plástico. Con los vientos de la senadora MAKI ORTIZ dándole impulso, la diputada ha encontrado el camino más rápido hacia el protagonismo: desmarcarse de MAKI, negar cualquier lazo y hacerse un nombre por sí misma, aunque para eso tenga que jugar con la política de la deslealtad. Asegura que jamás será como MAKI, y lo dice como si eso fuera un mérito, como si el modelo a seguir fuera el de dar la espalda a quien te impulsó. Pero, claro, en la política tamaulipeca, la gratitud es un concepto que ya nadie entiende. La lealtad es más un concepto de conveniencia.
JOSÉ RAMÓN, CLAUDIA, y todo su equipo, parecen estar convencidos de que sus movimientos están bien calculados. Pero la realidad es que, mientras más intenten esconder su incapacidad con retórica barata y ataques a los periodistas, más se destapan las fisuras en sus carreras. La gente no está ciega, y el desdén por la crítica no es lo que los llevará a la cima. Al contrario, los llevará a la perdición.
Este senador ha demostrado ser todo lo contrario a lo que se espera de un político comprometido con su gente. Mientras algunos se preguntan por qué Tamaulipas sigue atrapado en la mediocridad política, la respuesta está más cerca de lo que pensamos: un senador que no responde por sus faltas, que no genera propuestas y que se siente más cómodo atacando a los demás en lugar de trabajar para el pueblo que lo eligió. La política no necesita más gritos ni insultos, necesita resultados, y, con cada palabra vacía que sale de su boca, JOSÉ RAMÓN se aleja más de ser el líder que Tamaulipas necesita.
POR HOY ES TODO. LO DEMÁS SE LO CUENTO EN LA PRÓXIMA.
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