Por Edy Pintor.
*** De Yarrington a la capa pejista: Trump no improvisa. Consolida.
No es que hoy, 29 de abril de 2026, Donald Trump haya decidido, de repente, cumplir su palabra.
La promesa lleva años cocinándose a fuego lento, con paciencia quirúrgica de quien entiende que la frontera sur no es solo una línea en el mapa, sino la herida abierta por la que sangra México y Estados Unidos.
La capa de narco-políticos del PRI fue la primera en caer.
Dos meses y medio después de su inauguración el 20 de enero de 2017, el 9 de abril de 2017, en pleno centro de Florencia, Italia, agentes italianos detuvieron a Tomás Yarrington Ruvalcaba, exgobernador priista de Tamaulipas, en la Piazza della Signoria. Fugitivo desde 2012, acusado por Estados Unidos de lavado de dinero, narcotráfico, fraude bancario y asociación con el Cártel del Golfo.
Comía como turista cualquiera cuando le cayeron. No fue casualidad ni fortuito.
Fue el primer golpe visible de una estrategia que Trump ya tenía clara desde la campaña: ir a la cabeza, no solo a los sicarios de a pie.
Trump se enfocó en la base. No en lo barata, sino en la evidencia dura. La detención de Yarrington consolidó lo que muchos sabíamos pero nadie se atrevía a gritar en los salones de Los Pinos, fácil, que una parte de la clase política mexicana, la del PRI histórico, había convertido al estado en socio del narco.
Sobornos millonarios a cambio de “no ver”. Puertos, aeropuertos, carreteras y gobernaturas enteras convertidas en franquicias del crimen. Esa fue la base. Y Trump la consolidó.
Ahora, en 2026, con la segunda administración ya en marcha, inicia en serio la capa pejiana.
La que lleva el sello de Andrés Manuel López Obrador, el que gobernó bajo la bandera de “primero los pobres” mientras sus cercanos, hijos incluidos, se señalaban por presuntos negocios turbios, contratos millonarios y nexos que hoy Estados Unidos ya no ignora.
Andy y Gonzalo López Beltrán, los hijos, están en la mira.
Denuncias formales por corrupción en el Tren Interoceánico y obras emblemáticas del sexenio pasado.
No son chismes de Twitter, son acusaciones documentadas que llegan hasta autoridades federales mexicanas y, según reportes periodísticos recientes, a listas negras de Estados Unidos por presuntos vínculos con el crimen organizado.
El propio expresidente, según versiones que circulan con fuerza, estaría preocupado porque su nombre y el de sus hijos aparecen junto a más de 300 personas investigadas por nexos con el Cártel de Sinaloa.
Y mientras tanto, el relato de siempre: “nos atacan por ayudar a los pobres”. El mismo guión que usaron con el PRI.
Se finge enfermo el líder, se victimiza la familia, se grita “persecución política” y se olvida que los mexicanos de a de veras, los que viven en Tamaulipas, Sinaloa, Michoacán o Guerrero, siguen enterrando a sus hijos por culpa de la misma podredumbre que se disfrazó de “transformación”.
esta sentencia es ganada a pulso:
“First I declare a national emergency on our southern border”.
Trump lo dijo en su primera administración y lo repitió con más fuerza en la segunda, el 20 de enero de 2025. No fue teatro.
Fue el marco legal para militarizar, cerrar, deportar y golpear donde duele, las redes que operan con protección política.
La misma que antes era priista y ahora es pejiana. Porque el narco no tiene partido, pero sí tiene cómplices en el poder.
Y Trump, a diferencia de los presidentes que se conformaban con fotos y abrazos, decidió cortar de tajo.
Los hechos ya no son teoría. Son crónica en tiempo real.
Yarrington (PRI, 2017) → extraditado y condenado.
Capa pejiana (2025-2026) → hijos y cercanos en la mira de EU y denuncias formales.
Frontera sur militarizada, emergencia nacional activa, carteles sintiendo el puño.
Esto no es improvisación. Es consecuencia.
Trump no persigue fantasmas, persigue la realidad que México se negó a enfrentar durante décadas, y hoy, esa realidad decanta en acciones concretas: muros, tecnología, deportaciones masivas y presión implacable sobre los que se creían intocables.
La capa pejiana caerá igual que cayó la del PRI.
Empezó el día que Trump juró defender a Estados Unidos.
Y México, tarde o temprano, tendrá que elegir, o se limpia, o se hunde con sus narco-políticos.
La verdad duele. Pero es la única que libera…
Mi nombre es Pintor, Edy Pintor, y esto es, EDYTORIALES…

