
*** La teoría del poder del pueblo debilita los contrapesos
*** Un gobierno autocrático difama para conservar el poder
*** El reclamo del orden se impone al reclamo de la libertad
*** Las voces unidas frenaron la embestida oficial
Por: Gastón MONGE.
En una democracia representativa se supone que el poder emana del pueblo y permite que las leyes y la Constitución Política vigilen y limiten las funciones y los actos de los gobernantes, pero México avanza poco a poco hacia un régimen autocrático vestido con una fachada que hace ver a los ciudadanos que existe pluralidad política, libertad de expresión y de prensa, cuando en realidad el poder se concentra en una sola persona o grupo político que debilita los contrapesos y frena los organismos autónomos.
Dicha fachada se sostiene en la teoría del poder del pueblo y de la soberanía nacional, cuya esencia presupone que el pueblo es la fuente del poder político, del poder del gobierno, y que la voluntad colectiva es la que manda, pero son los gobernantes quienes administran dicha voluntad y dicho poder para su beneficio.
Es la naciente autocracia representativa, una forma de gobierno que desaparece los contrapesos representados por organismos autónomos a los que debilita en sus funciones; controla los tres poderes, y aunque permite la participación política y electoral, lo hace en condiciones de inequidad y de competencia desigual e injusta.
Un gobierno autocrático recurre a la difamación, al ataque disfrazado contra organismos e instituciones autónomas, utiliza la representación para legitimar su poder ante el pueblo y lo peor, hace de la soberanía popular y nacional un mecanismo de control y de decisiones que se toman desde la cúpula del gobierno.
Este comentario surge por la forma en que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum se ha comportado en las últimas semanas contra políticos opositores, críticos hacia su gobierno, y contra periodistas y medios de comunicación incómodos que señalan sus errores y sus contradicciones.
El encarcelamiento y persecución de políticos contrarios a su ideología, el ataque a los pocos contrapesos que aún existen en el país y la consecuente debilitación de los escasos organismos autónomos que sobreviven a esta embestida, es la forma más clara de que en México se consolida un gobierno autocrático y autoritario.
Este tipo de gobiernos ya existen, y en América Latina han tomado forma en Cuba, Venezuela y Nicaragua, por ser los países más representativos, y porque sus gobernantes monopolizan las decisiones populares para legitimarse y legitimar sus acciones, aunque vayan en contra de la democracia y de la autonomía institucional.
La lista que dio a conocer Luisa María Alcalde, consejera jurídica de la presidenta, de manera pública en esa denigrante tribuna conocida como Derecho de Réplica, con nombres y datos personales de políticos y periodistas no afines a la ideología de la Cuarta Transformación, no es otra cosa más que el ataque directo a la democracia, a la voluntad popular y a las libertades que deben existir en una democracia representativa, pero que desaparecen en una autocracia también representativa.
Es la postura de un gobierno que se siente ‘fuerte’, de un gobierno que trata de imponer la idea del orden sobre la idea de la libertad, porque para el gobierno de Sheinbaum el reclamo del orden social es mucho más fuerte que el reclamo de la libertad de expresión, e imponer la mano dura sobre lo que no encaja en su visión de autoridad eleva su capacidad de mando, y utiliza la fuerza de su gobierno para imponer el orden, le guste a quien le guste.
Pero esas voces que pretende callar la autocracia hablaron En Voz Alta y fuerte, porque unidas en una sola voz mostraron el verdadero poder que aún ofrece la libertad de expresión, de prensa y de libre manifestación; frenaron la poderosa maquinaria informativa oficial, retiraron el velo que cubre la narrativa oficial y mostraron lo que se oculta detrás de un discurso falaz: una autocracia representativa.
¿Seguirá la presión sobre las escasas libertades que aún persisten? ¿la hegemonía del poder romperá el débil equilibrio político que aún existe? Ello dependerá de la confianza que la sociedad le tanga aún a los medios de comunicación y a los periodistas. ¿no cree usted amigo lector?
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Hasta mañana








